Aerolíneas low cost: ¿de Madrid a Roma por 10 euros?

Ahora que estamos en pleno periodo vacacional, para quienes este verano no volaremos, nos queda el consuelo de hablar o escribir sobre aviones y, concretamente, del recurrente aunque interesante modelo de las aerolíneas low cost o de bajo coste.
En Economía, la eficiencia podría definirse como la relación entre los resultados obtenidos y los recursos utilizados. Si como pasajero lo que valoras en un vuelo de Barcelona a Roma es que te salga barato, y estás dispuesto a renunciar a ciertos servicios, tu eficiencia pasa por las compañías low cost.
Este tipo de aerolíneas aparecieron en el mercado de la aviación hace casi dos décadas, primero en Estados Unidos e inevitablemente se extendieron a Europa, y después al resto del mundo. Ofertaban unas tarifas muchos más bajas, a cambio de recortar algunos servicios que se ofrecían a los pasajeros de las compañías convencionales.
En la actualidad, y desde hace ya años, las low cost son una dura competencia para las compañías aéreas tradicionales (Iberia, Air France, Lufthansa…) como puede interpretarse en el informe del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, según el cual las compañías aéreas low cost transportaron 3,3 millones de pasajeros en junio, un 7% más respecto al mismo mes de 2009, mientras que las compañías tradicionales “solo” trasladaron a 2,39 millones de viajeros, un 2,3% más.
Generalizando, el modelo empresarial típico de una compañía aérea low cost está basado en:
- Una única clase de pasajeros (se elimina la primera clase o clase business).
- Una flota compuesta de aviones de un único modelo, generalmente el Airbus A320 o el Boeing 737. Así se reducen costes.
- Un único tipo de tarifa.
- Plazas no numeradas.
- Vuelos a aeropuertos secundarios, más baratos.
- Vuelos cortos y con muchas frecuencias.
- Potenciación de la venta directa de billetes, especialmente a través de Internet, evitando tasas y comisiones de las agencias de viajes y de los sistemas informatizados de reserva.
- Los empleados trabajan realizando múltiples tareas. Por ejemplo, hay auxiliares de vuelo que también limpian el avión o controlan la entrada en la puerta de embarque, reduciéndose así los costos de personal.
- El catering gratuito a bordo y otros servicios complementarios desaparecen o pasan a ser de pago. Esto representa un beneficio adicional para la aerolínea.
- Políticas de acaparamiento de combustible: las compañías compran grandes cantidades de combustible a bajo precio, de forma que si éste aumenta, dicho crecimiento no repercute directamente sobre el precio del billete.
- No mostrar la letra pequeña. Las tasas de aeropuerto y los cargos por emisión son descontados del precio anunciado, de forma que éste parece menor de lo que en realidad es.
La clave está en que la reducción de costes operacionales repercute directamente en el precio del billete. Y te preguntarás: ¿tanto se pueden ahorrar estas compañías por estos conceptos? En el siguiente gráfico podemos comparar nosotros mismos las diferencias entre las compañías low cost y las tradicionales:

Imagen: blog Euribor.
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