Adaptarse o morir

Las organizaciones, igual que los organismos vivos, tienen que adaptarse, a los cambios que se producen en su entorno, o morir. Actualmente, estamos viviendo una fuerte presión externa “crisis económica” que nos obliga a ello, pero no todas lo lograremos.
Estos cambios en el entorno se materializan en las continuas caídas en la facturación, restricción de la financiación a través de las entidades bancarias, encarecimiento de materias primas, cuotas de alquiler de las instalaciones desorbitadas, disminución de la calificación de riesgos de clientes por parte de las entidades de seguros, niveles insospechados de morosidad, la presencia de los expedientes de regulación de empleo, y como no, las “famosas” restricciones de liquidez.
Otro aspecto a considerar de esta situación económica, es la presencia de la posible falta de liderazgo de los propios empresarios o directivos de una sociedad frente al profundo cambio que se debe efectuar en las organizaciones para salir de esta situación. No por falta de “ganas” sino por la posible inexperiencia, por la presencia de un “mar” de dudas acerca del futuro que se les presenta y, sobre todo, el planteamiento de si serán capaces de reorganizar la empresa ante la actual situación de crisis.
Por lo tanto, sólo aquellas organizaciones que hayan sabido anticiparse mediante señales de alarma que avisen sobre los cambios en su entorno y las formas de competir en cada mercado, podrán sobrevivir. Habrá otras, que “in extremis”, se podrán salvar si se ven sometidas a un proceso de reestructuración, antes de que la situación de la empresa se agrave tanto que llegue a ser irreversible y paralice la empresa, impidiéndole prácticamente reaccionar. Y finalmente, aquellas que no hagan nada de calado, que siempre las hay, no lo olvidemos, y que simplemente estén esperando a que desaparezca la presente situación y todo se vuelva de “color de rosa”, estas últimas se verán encaminadas a desaparecer, puesto que en la gestión empresarial no hay nada peor que el inmovilismo, recuérdelo.
Para aquellas empresas que decidan embarcarse en un proceso de reestructuración, permítanme dos consejos; primero, no deben dejarse llevar por “soluciones mágicas”, cuya puesta en marcha no garantizan en absoluto su éxito y segundo, no tomen medidas a corto plazo simplistas, que afectan al futuro de la empresa, como por ejemplo acciones tan típicas como suprimir gastos creadores de valor. Actualmente se escucha muchísimo “la reducción del gasto es vital para superar esta crisis”, no estoy de acuerdo con esta frase, debemos racionalizar los gastos, esto supone no reducir ningún gasto en el cual se basa su propuesta de valor al cliente.
En un proceso de reestructuración habrá que analizar, caso por caso, cuál es la situación de partida que nos encontramos:
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De forma que, iniciaremos el proceso mediante un diagnóstico inmediato e integral de la situación de la empresa que nos permita establecer prioridades e identificar hacía dónde deben dirigirse las primeras acciones urgentes a acometer.
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Elaborar e implantar un plan de choque que ocasionen acciones inmediatas y permitan garantizar la liquidez de la empresa (liquidación de activos no productivos ni estratégicos, renegociación de pasivos, inyección de fondos, racionalización del gasto, etc.)
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Elaborar e implantar un plan de reestructuración. Establecer la elección de estrategias de futuro que permitan estabilizar el modelo de negocio así como su impacto financiero (rentabilidad, generación de liquidez, necesidades financieras, estructura financiera adecuada y sostenible, etc.). La elección de estrategias de futuro se centrará en decisiones tan importantes como nuestra orientación estratégica (líneas de negocio, mercados, estrategias de diversificación), el análisis de la cadena de valor, la estructura organizativa, las estrategias competitivas a seguir, etc. Todo esto enmarcado mediante la realización y cumplimiento de los planes de acción que contendrán las acciones a acometer para el logro de los objetivos estratégicos con identificación clara de responsables, acciones a acometer, metas, hitos intermedios y fechas de cumplimiento.
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Finalmente se deberá controlar y realizar un seguimiento permanente, por ejemplo mensualmente, de cumplimiento de aquellas metas y objetivos que nos hayamos marcado. Así como detectar desviaciones y aplicar medidas correctoras que consoliden todo el trabajo anterior, mediante la utilización de herramientas de gestión como el control presupuestario (presupuesto económico y presupuesto de tesorería), un sistema de costes actualizado (rentabilidad de productos y clientes) y un cuadro de mando para monitorizar los objetivos estratégicos y operativos.
¿Y cuáles son los beneficios a obtener?
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Son la base para la salida de un proceso de crisis empresarial, derivado de la falta de adaptación de la empresa a los cambios en el entorno.
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Mejora la comunicación.
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Aumenta la predisposición y preparación de la empresa para el cambio.
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Reduce conflictos sobre el destino y los objetivos de la empresa.
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Obliga a la dirección de la empresa a pensar, de forma sistemática, en el futuro. Mediante el establecimiento de metodologías y procesos propios.
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Mejora la asignación de recursos tanto humanos como materiales.
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Aumenta la rentabilidad de la empresa (si se alcanzan los objetivos fijados en el plan).
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Se instaura una cultura de control y seguimiento de la empresa.
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Aumenta la competitividad.
Las empresas parecen tener ya claro que la presente situación de crisis les afecta, en una menor o mayor medida, y que deben ajustarse a la actual coyuntura económica adoptando un papel activo. Otra cosa muy distinta es que han hecho para intentar minimizar su impacto y el tiempo de reacción que han invertido.
Se ha convertido en imprescindible controlar nuestro entorno y no estar de espaldas a él, vivir de rentas pasadas no es ni será una buena estrategia de negocios, pronto o más tarde nos pasará factura. Por lo que establecer mecanismos de control que nos ayuden a identificar en tiempo y forma los cambios que se estén realizando debería ser una cuestión de vida o muerte. Puesto que si los cambios que se producen en el entorno de su empresa superan en importancia y cantidad a los que se producen en su interior, su empresa estará condenada al fracaso a medio o largo plazo a menos que ponga remedio a ello.
El plan de reestructuración contempla un conjunto de análisis, decisiones y acciones que le pueden ayudar a crear y mantener ventajas competitivas sostenibles a lo largo del tiempo que le permitan sobrevivir en un entorno tan complejo.
Jesús Palacios Gómez-Pimpollo
Altair Consultores
Director Área Finanzas y Control de Gestión
Antoni Alcaraz Ferre
Altair Consultores
Consultor Senior


