Contra la crisis, ¿compensa un coche a gas?
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La pasada semana, en una intervención en la Georgetown University de Washington, el presidente americano se declaró completamente a favor de los coches alimentados con combustibles alternativos, haciendo espacial hincapié en el uso del gas metano. De hecho, el congreso americano – a través del Natural Gas Act - aprobó el pasado año varias leyes que intentan estimular el uso del gas en detrimento de los productos petrolíferos.
Según las previsiones, en menos de cuatro años, circularán en los EEUU 600 mil vehículos alimentados con carburantes alternativos. En Europa circulan ya más de siete millones de vehículos equipados con el doble sistema de combustible (gas y gasolina), sobre todo en Alemania, Francia e Italia, y las previsiones para el futuro señalan un crecimiento constante y continuo, sobre todo a causa del elevado precio del petróleo.
Durante estos días puede verse en Italia un anuncio publicitario que dice: “Dale un corte al alza del precio del petróleo. ¡Pásate al gas!”. En el anuncio se afirma que un coche alimentado a gas puede circular durante más de 100 km. con sólo 4 euros, a una velocidad de 100 km. por hora, en carreteras extraurbanas. En España la situación es diferente. Hace más de un mes, Francisco Insa Pujol, desde las páginas de un periódico nacional, presentó siete medidas concretas para afrontar la crisis del alto precio del petróleo. Entre ellas figuraban la modificación de nuestra dependencia energética del oro negro, y la estimulación de la investigación y venta de coches híbridos, que contaminan mucho menos.
Pero, en ningún medio y por ningún lado se ha mencionado la posibilidad de utilizar el gas GLP o metano para el transporte. Se están gastando muchos recursos para implantar la tecnología del coche eléctrico (que entrará en circulación dentro de 3-5 años), y nos estamos olvidando por completo de una tecnología real, un poco anticuada pero eficaz, que ayudaría bastante a la hora de reducir nuestra dependencia del petróleo. El gas licuado del petróleo (GLP) es una mezcla de butano y propano, obtenido bien del petróleo, bien del gas natural. En Italia, Francia, Alemania y otros muchos países de la Unión Europea, es la alternativa que, junto con el metano, proponen a los consumidores las gasolineras y los fabricantes de coches. Por ejemplo, FIAT lleva ya varios años produciendo coches con la doble posibilidad de combustible: gasolina y GLP. En general, el uso del GLP o del metano como combustibles para los coches tiene varias ventajas: menores emisiones de Anhídrido Carbónico (CO2) y de Óxidos de Nitrógeno (NxOy), menores emisiones de partículas contaminantes, menor consumo que gasolina y diesel para los mismos kilómetros recorridos, y menor precio de venta al público.
Para que el lector se haga una idea -no publicitaria, sino real-, la pasada semana probé en Italia un coche mediano (unos 110 caballos), rellené el depósito con 18 euros de GLP y recorrí casi 300 kilómetros a una velocidad media de 130 km. por hora. Además, para los puristas de la conducción, es interesante notar que la potencia del vehículo no sufre modificaciones. Tengo que confesar que desconozco la legislación vigente en España en temas de carburantes, pero, a pesar de eso, quiero abrir una ventana sobre el posible uso de carburantes alternativos, como el GLP o el metano, para hacer frente a la subida indiscriminada del precio del petróleo. Creo que desde una perspectiva estratégica, esta sería una medida seria, sobre todo, a largo plazo, ya que el abastecimiento del GLP está garantizado no sólo por la presencia de la materia prima en varias áreas geográficas distribuidas en los cinco continentes, sino también por la posibilidad de su producción en las refinerías normalmente presentes en todos los países de la Unión en Europea.
Además, España cuenta con un sistema de infraestructuras bien desarrollado para la recepción de GLP: ya existen quince terminales aptas para la recepción del gas, y todas muy bien distribuidas: Algeciras, Alicante, Bilbao, Barcelona, Cartagena, Gibraltar, Gijón, Huelva (2 terminales), Mallorca, La Coruña, Málaga, Sevilla, Tarragona, Tenerife y Valencia. Respecto a la demanda futura, la asociación internacional de los productores de GLP espera un continuo crecimiento en toda Europa, a causa de la creciente inestabilidad en los países exportadores de petróleo. Hasta ahora el gas de automoción ha tenido una difusión muy limitada en España, circunscrita solamente a los taxistas. Pero, mirando las experiencias de otros países, me pregunto si, en lugar de perseguir políticas a corto plazo que, posiblemente, influyen de modo negativo en la percepción de los consumidores y en sus bolsillos (por ejemplo, la medida criticada por muchos de limitar la velocidad a 110 km. por hora), no sería mejor plantearse la posibilidad de introducir – a medio y largo plazo – la combustión a GLP y/o metano para el transporte. Indudablemente habría muchos beneficiarios: los consumidores tendrían más posibilidades de elección; produciría un incremento de la ocupación, ya que semejante plan necesitaría el desarrollo de una infraestructura local importante (léase nuevas gasolineras o adaptación de las existentes, talleres especializados para montar un sistema a gas, etc); el medio ambiente también saldría beneficiado, ya que, como hemos dicho antes, el GLP tiene menor impacto ambiental que los otros combustibles; por último, sería positivo para la logística en general y para todo nuestro sistema económico, ya que se podría reducir substancialmente la dependencia energética de otros países.
Por tanto, invito a todos aquellos que tienen poder en temas de combustibles a analizar la posibilidad de introducir en España, a parte de los vehículos eléctricos -que, de momento, parecen necesitar de una inversión mayor-, el GLP o el metano como combustibles para los vehículos, ya que representa una forma de energía segura, eficiente, económica y no contaminante.
Salvatore Moccia,
Profesor de Dirección Estratégica en la Universidad CEU Cardenal Herrera salvatore.moccia@uch.ceu.es


