Observatorio Buena suerte Mr. Gorsky

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Pues aquí estoy de nuevo, después de un parón más obligatorio que voluntario, dándole otra vez a la tecla. Confieso que muy probablemente, y aún después de haber superado los motivos impeditivos, seguiría más quieto que un ojo de cristal de no ser porque mis amigos de Frikonomics me han telefoneado en varias ocasiones, tras su regreso de Nueva York, y me han dicho: a ver qué pasa, nene. Que tras las vacaciones necesitamos carne fresca y últimamente te mueves menos que las rodillas de un playmobil. O algo así.

Así que aquí me tienen, dispuesto a darles gustito o, al menos, a intentarlo. Ya saben que soy un aficionado a la historia por lo que, ahora me entenderán, para lograr mi objetivo van a permitirme que tire de efemérides.

Hace escasas semanas, concretamente el 21 de julio, se ha cumplido el cuadragésimo segundo aniversario de la misión lunar que, a bordo del Apolo XI, permitió que Neil Armstrong, Michael Collins y Edwin "Buzz" Aldrin lograran un aterrizaje seguro sobre la superficie lunar, a eso de las 2:56:20 (Tiempo Coordinado Universal). El resto es, como digo, historia: Neil Armstrong pisó la luna y pronunció su famosa frase: “Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad”. No fue el único en pisar el níveo satélite. Aldrin también se dio su paseo, pues estuvo cerca de dos horas y media recogiendo muestras, haciendo experimentos y tomando fotografías. Ocupándose del papeleo, vaya. Pero de eso la mayoría del personal ni papa.

Como tampoco que, pasada la vorágine y emoción inicial, y tras la trasmisión de una serie de datos de carácter técnico a la Tierra, el bueno de Armstrong concluyera con una frase que fue un auténtico misterio durante décadas para sus compañeros de la NASA: "Buena suerte, Mr. Gorsky", dijo. Y tras ello, el de Wapakoneta (Ohio), se fumó un puro. El tío. 

Tan pronto regresaron a tierra empezaron los honores, las medallas y las conferencias y, cada vez que le preguntaban a Armstrong sobre la frase, él sonreía, asegurando que no podía decir nada del asunto hasta que Mr. Gorsky falleciera. En algún momento, incluso los chicos de la granja de Langley-Virginia (la CIA para los amigos) pensaron que se trataba de un mensaje en clave para algún astronauta de la rival Unión Soviética. Sin embargo, no les constaba que en los programas espaciales soviéticos hubiese ningún cosmonauta con tal nombre, por lo que la enigmática frase continuó siendo un misterio.
 
Hasta que en 1995 un reportero sacó a relucir el tema y Armstrong se decidió a responder ya que, según dijo, el señor Gorsky había muerto y no había por qué continuar con la intriga. Parece ser que de niño, Armstrong jugaba béisbol cuando un día la pelota fue a parar accidentalmente a la casa contigua, donde vivían los Gorsky y, cuando estaba recogiendo la pelota, logró escuchar cómo la Sra. Gorsky le decía a su marido en la habitación:¡¿Sexo oral?! ¡¿Quieres sexo oral?! ¡Tendrás sexo oral cuando el chico del vecino se pasee por la luna!
 
Aquella señora puso aquella condición como si la misma fuese de imposible cumplimiento y… qué te parece! El hijo del vecino, auditor de cuentas del Estado de Ohio para más señas, va y lo consigue. No sé si el Sr. Gorsky hizo valer aquella promesa pero desde luego derecho tenía, qué narices.
 
Utilizo esta introducción porque resulta curioso cómo la historia se repite. En cuántas ocasiones, como la que acabamos de exponer, se formulan afirmaciones, promesas o condiciones que pueden parecer de imposible cumplimiento en ese momento pero que luego no sólo acaban ocurriendo sino que acaban siendo absolutamente superadas por la realidad.
 
Qué me dicen del asunto de las cajas de ahorros, cuya situación ha obligado a adoptar una serie de medidas para el fortalecimiento y la sostenibilidad del sistema financiero que han acabado por convertir en bancos a algunas de ellas (las más rentables), a fusionar a otras entre sí (las que solas no podrían subsistir) y, finalmente, a intervenir unas cuantas (las que están al borde de la quiebra), todo ello como consecuencia de una sobredimensión de las mismas en el marco de un mercado en el que no podían competir, de la competencia desleal que suponían para el resto de operadores en el sector financiero y del servilismo político al que las mismas estaban sometidas. En efecto, no había plan faraónico promovido por unos u otros en el que no estuviera implicada la caja de ahorros de turno.
 
Por no hablar de que durante el mes de agosto ha habido ocasiones en que la deuda pública española ha diferido más de 400 puntos básicos del bund alemán, activo financiero de renta fija de referencia en Europa. Aún no se han dado cuenta de que, más allá de la posible influencia que los especuladores hayan podido tener, que no pongo en duda, nuestra economía no supera ninguna de las reflexiones que cualquier inversor con dos dedos de frente se haría. Nuestra capacidad para contener el déficit es prácticamente nula y más teniendo en cuenta la desobediencia al respecto de las administraciones autonómicas, la restricción crediticia es absolutamente galopante, la expectativa de creación de empleo es inexistente con la consiguiente falta de expectativa e inestabilidad en la generación de renta y…ah, sí, la idea de convocar elecciones en un plazo que no es ni lo suficientemente largo como para pensar que el Gobierno cree en los paquetes de medidas que va disparando a discreción ni lo suficientemente corto como para dar la oportunidad al electorado de respaldar o dar la espalda al Gobierno actual de forma rápida, lo que trasmitiría al exterior una respuesta rápida respecto de lo que va a pasar. De lo que vamos a tener para los próximos cuatro años.
 
Y qué me dicen de las noticias que llegan respecto de las dificultades financieras que las distintas administraciones están padeciendo. En los mentideros oficiosos se rumorea que ciertas administraciones están en estado de auténtica quiebra técnica, aunque ello no pueda decirse por el efecto devastador que ello tendría, rumoreándose que existe verdadero riesgo de impago de las nóminas de los funcionarios, posibilidad real de despido o supresión de determinados puestos y demora actual en los plazos de pagos a proveedores que llegan a superar los 5 meses (concretamente 157 días). 
 
¿No les suena? Son ejemplos de excusas que la Sra. Gorsky también podría haber impuesto a su marido en aquella mañana en que tuvo lugar la proposición indecente de su marido. Es posible que éste hubiera tardado más tiempo en ver satisfechos sus deseos, pero se me antoja que habría muerto con las botas puestas. 
 
Pablo Bourgon Baquedano
 
Abogado fiscalista
 

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