Soluciones a la crisis I - Innovación

La innovación es un elemento clave del crecimiento económico, que tiene que ir más allá de lo que puedan producir los países emergentes para poder competir con ellos. El crecimiento de los países desarrollados se mueve por las nuevas tecnologías, los nuevos modelos de negocio y las nuevas industrias que han permitido unas ganancias de productividad y de crecimiento en todo el mundo.
Este nuevo impulso innovador sale de la acumulación del conocimiento, de la investigación y el desarrollo.
Por tanto, se define la innovación como la habilidad de las empresas y los trabajadores para desplazarse hacia nuevas actividades o para mejorar sus procesos productivos (Guillermo de la Dehesa, 2009). Es decir, la innovación consiste en mejorar la forma de trabajar de las empresas o en hacer cosas nuevas que no hacen los demás.
De este modo, se plantea el fomento a la innovación como una de las claves para ser una economía de referencia. En el caso de España se han creado nuevos sectores de riqueza, aún sin darnos cuenta. Si bien el ladrillo y la banca han sido las estrellas rutilantes, otros ámbitos han progresado y se han adquirido enormes capacidades que podrían explotarse perfectamente. Nos referimos a sectores como la medicina, la industria del deporte, la agricultura, ganadería y pesca, alimentación y cocina (no nos vamos a olvidar de nuestros renombrados Arzak, Roca, Berasategui, Adriá…)
En España nos encontramos ante una limitada tradición por la inversión en I+D+i, que viene causada por dos fuentes. Tras entrevistar a un doctor universitario, nos mencionó las siguientes:
En mi opinión, el principal problema de la relación Universidad-Empresa en España es la propia perversión del sistema universitario. Con esto me refiero a qué es lo que realmente se valora a los profesores, que son el motor de la investigación en la Universidad. Cualquier iniciativa investigadora, dado el sistema público universitario que tenemos, parte de los propios profesores, quizá animados por empresas, pero realmente no tienen (tenemos) ninguna obligación real de investigar en un determinado tema. Sí se supone que debemos investigar, pero la libertad de investigación nos permite escoger en qué, cómo y cuándo. Por otra parte, en las promociones internas, concursos, complementos retributivos, etc., el principal mérito que suele desequilibrar las balanzas entre candidatos son las publicaciones en revistas científicas (artículos), que suelen tratar de temas... digamos "científicos de alto nivel". En definitiva, temas que no son los que interesan a las empresas. Y los temas que interesan a las empresas normalmente son de escaso valor científico, poco susceptibles de ser publicados, y por tanto nada interesantes para el profesorado que busca mejorar su situación, plaza, sueldo, etc (que es la inmensa mayoría, lógicamente).
La segunda parte corresponde a las empresas. En mi experiencia, se dan varios problemas en las empresas: el primero, que no conocen lo que en la Universidad se puede llegar a hacer por ellos; el segundo, que no conocen posibles beneficios fiscales de la inversión en actividades de I+D+i en la Universidad; y tercero, que normalmente cuando acuden a la Universidad esperan encontrar mano de obra barata para hacer desarrollos, no investigación. Parece que las empresas suelen esperar un beneficio inmediato, prácticamente desde el prototipo, y eso no puede ser así: la inversión en investigación produce beneficios porque te puede dar un posicionamiento estratégico, y por tanto han de ser a medio o largo plazo.
Por tanto, parece que la solución radica en buscar un nexo de unión entre universidad y empresa. Nuestra fuente propone: ¿Cómo se podría mejorar entonces la relación Universidad-Empresa? Desde el punto de vista de los profesores, incentivando su participación en iniciativas con empresas, y esto sería fundamentalmente reconociéndolo como mérito a un nivel equivalente al de las publicaciones científicas. Esto, que parece fácil, implica un gran cambio de mentalidad o incluso de sistema universitario, así que no deja de ser un poco utópico. Desde el punto de vista de las empresas, yo creo que la clave está en dar información, información y más información. Que conozcan qué puede hacer la Universidad por ellas, y qué pueden esperar y qué no de la inversión en proyectos con la Universidad.
Gráfico: Investigadores en Europa (entre paréntesis, porcentaje del total que está empleado en empresas)

Fuente: Eurostat Datos 2007/ Grupo Correo
En resumen, el 6,47% de la población ocupada española se dedica a la investigación, de la que sólo el 35,4% trabajaba en empresas, superando sólo a Portugal, Italia y Grecia. En cambio, como se aprecia en la tabla en el resto de países europeos, más de la mitad de los investigadores trabajan en el sector privado, y para economías punteras como Alemania, Suecia y Luxemburgo se alcanzan cifras que superan el 60%.
Conseguir que en un país se innove no se logra en cuatro días (Israel Ruiz, Vicepresidente financiero del Massachussets Institute of Technology).
Se necesitan aportar soluciones que consigan unir un mundo teórico como es el universitario con las necesidades reales de la empresa. Algunas ideas podrían ser favorecer la movilidad universidad-empresa, la llegada del capital riesgo a la innovación, figura del mecenazgo, etc. con un objetivo final que sea que las universidades vayan de la mano de la empresa. Experiencias como la de Estados Unidos, Suecia, Japón, Alemania y muy pronto China nos muestran que invertir en I+D+i contribuye a la creación de empleo estable de calidad.
Un artículo de Oscar Zarzoso
oscarz@frikonomics.com



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