Observatorio Danzad, danzad, malditos

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El asunto es de sobra conocido, así que voy a ahorrarles nombres y datos para no aburrir al personal: Vivimos tiempos difíciles, pues a la crisis de los mercados financieros le ha seguido otra más amplia que ha terminado por afectar a prácticamente todos los sectores de las economías desarrolladas. El momento en que volveremos a tasas de crecimiento sostenibles y de recuperación del empleo, es absolutamente desconocido, incluso para los más expertos. Como en una ocasión me dijo mi profesor de economía, con unos datos muy concretos, un especialista en economía puede pronosticarte lo que quieras. ¡Vaya! Justo lo que menos necesitamos: que la situación actual pueda agravarse hasta límites insospechados (algunos expertos hablan ya de corralito español e incluso de abandono de la moneda única) o que se acabe de un mandoble en pocos meses. Vamos, una especie de incertidumbre al cuadrado.

No es tarea fácil, o al menos no quisiera verme en esa lid, la de tratar de compaginar las ayudas con que el Gobierno pretende evitar que, lo que bien podría suponer una banderilla, se convierta en puntilla, con aquellas otras que desde otras latitudes nos invitan a adoptar (nótese la ironía) para tratar de reconducir el déficit en que se ha incurrido, precisamente para posibilitar aquéllas, como reducción del sueldo a los funcionarios y pensionistas, flexibilización del mercado laboral, reducción de la infraestructura administrativa, etc. A las que, o mucho me equivoco, van a seguir otras como el copago sanitario y educativo, atraso en la edad de jubilación, supresión de las Diputaciones Provinciales y reducción de los Ayuntamientos en un 50%. Y todo con el fin de reducir el Déficit Público que alcanza cotas superiores al 11,3% del PIB. El objetivo es ímprobo: recaudar 250.000 millones de euros antes de 2013. Casi nada al aparato.

Entre esas medidas ¿no hay ninguna que afecte a los tributos? Desde luego, ¡oigan, qué se pensaban! Medidas al margen de esas que se oyen en el telediario y que parece que no van con nosotros, existen otras que se han aprobado últimamente o que parecen de inminente promulgación (incluidas las que se comentan en los mentideros fiscales en que nos movemos los que nos dedicamos al ramo), que se basan en un aumento de la carga impositiva, traducida en unos casos, en un simple, pero tedioso, aumento de las formalidades (que supone mayor dedicación y, por tanto, mayor coste de gestión tributaria) y, en otros, directamente en un aumento de la “dolorosa” tributaria.

Y así, aunque el Gobierno empezó haciéndose eco de un populismo fiscal necesario para allanar el terreno de lo que luego ha de venir, tomando medidas que afectaban únicamente a las rentas más altas, como la eliminación del tipo fijo del 24% que, en el IRFP, pagaban los no residentes durante los primeros 4 años de residencia (inicialmente la idea era la de atraer a profesionales cualificados que desarrollaran su actividad en nuestro país, potenciando la docencia, la investigación, el desarrollo tecnológico, etc. Y que, ya ven ustedes, solo han utilizado los clubes de fútbol para incluir en sus plantillas a rutilantes estrellas) previéndose, además, la resurrección del Impuesto sobre el Patrimonio o la imposición de tasas a los depósitos bancarios – veremos cómo se las ingenian para repercutirlas al consumidor -- la realidad es muy tozuda: con eso no hay ni para empezar. Como solía decirse: En la mili nos hay que ser ni el primero ni el último. Puede que eso sirva en aquel contexto, para no llamar la atención, pero en materia tributaria eso es justamente lo malo: Que al estar en medio siempre te toca. A buen seguro que ya lo habrán notado.

Como en la magnífica película dirigida por Sydney Pollack en 1969, que lleva por título el que encabeza esta página (aunque hay que reconocer que el original también hubiera tenido grandes posibilidades “They shoot horses, don´t they?”, basada en la novela “¿Acaso no matan también a los caballos?”) en la que, en un contexto económico terrible también (crisis de los años 30 en Norteamérica), la gente se ve obligada a participar en una maratón, impulsados por la necesidad, en el que, a cambio de aguantar bailando hasta la extenuación la música que toca la orquesta, reciben comida y alojamiento. Todo ello bajo la atenta mirada de los que acuden a entretenerse y divertirse con el sufrimiento que presencian.

Y es que se conoce, aunque el film no está basado en hechos reales concretos, que durante la Gran Depresión se montaban espectáculos que consistían en hacer bailar parejas de forma continua, día y noche, con sólo pequeñas pausas de modo que la que más tiempo resistía era la ganadora y recibía un premio.

Tengo bastante claro quien ocupa qué papel en esta realidad paralela a la de la película (organizadores del evento, público y participantes). En cualquier caso, les invito a que entren en el garito y den una ojeada. Pasen y vean, señores y caballeros. Miren, miren con que piezas más maravillosas pretenden que nos divirtamos: subida de los tipos de IVA, aumento en las obligaciones de información en el Impuesto de Sociedades (en determinados casos como deducción por reinversión o determinados ajustes no bastará con presentar la autoliquidación sino que previamente habrá que presentar un documento adicional), el más que probable incremento de los tipos en el IRPF (al menos en el tramo autonómico), la retirada, con efectos 1 de enero de 2011, del cheque-bebé y de la deducción por adquisición de vivienda. Y así hasta que el cuerpo aguante porque hay música para rato. Como hasta finales del 2011, dicen.

Solo me consuela pensar, como debieron hacerlo Jane Fonda y Michael Sarrazin, que caracterizaron la pareja ganadora, que al final habrá algún premio: esperemos que en un futuro no muy lejano también nos permita comer y dormir tranquilos (a los que sean capaces de aguantar hasta el final, claro).

 

Pablo Bourgon Baquedano

abogado fiscalista

para frikonomics.com

 

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